A medida que los cerveceros artesanales miran más allá de la tradicional malta de cebada, el sorgo se ha convertido en un atractivo cereal alternativo. Su perfil natural sin gluten, su amplia disponibilidad y su distintivo potencial de sabor lo hacen atractivo para estilos de cerveza innovadores y saludables. Sin embargo, elaborar cerveza con sorgo no es un simple intercambio de ingredientes. Desde un punto de vista técnico, plantea exigencias específicas a los equipos de elaboración, especialmente en la sala de cocción. Comprender estos requisitos es clave para producir una cerveza de sorgo consistente y de alta calidad.

La primera y más importante diferencia radica en la temperatura de gelatinización del almidón. El almidón de cebada gelatiniza a unos 62-65°C, lo que se ajusta a los sistemas estándar de maceración por infusión. El almidón de sorgo, por el contrario, requiere temperaturas mucho más elevadas, normalmente de 85-95°C. Esto significa que las cubas de macerado o los cocedores de cereales deben ser capaces de alcanzar temperaturas cercanas a la ebullición con un control estable. Muchos sistemas diseñados sólo para cebada carecen de capacidad de calentamiento suficiente, por lo que las cervecerías pueden necesitar sistemas de calentamiento mejorados o un recipiente específico para la gelatinización a alta temperatura.
Otra consideración importante es el uso de enzimas. A diferencia de la cebada malteada, el sorgo tiene poca actividad enzimática natural. Los cerveceros deben recurrir a enzimas comerciales, como la α-amilasa y la glucoamilasa de alta temperatura, para convertir el almidón en azúcares fermentables. Como resultado, el equipo de maceración debe ofrecer un control preciso de la temperatura y una agitación eficaz, garantizando que las enzimas trabajen eficientemente a través de múltiples etapas de temperatura.
La filtración es uno de los mayores retos operativos. La cáscara de cebada forma naturalmente un lecho filtrante durante la filtración, pero el sorgo no tiene cáscara. Por eso, en las cubas filtrantes tradicionales, la filtración suele ser lenta o atascarse. Para compensar, muchos cerveceros añaden cáscaras de arroz al macerado o adoptan filtros de macerado, que se adaptan mejor a las moliendas finas pero requieren una mayor inversión. Sea cual sea el método elegido, la filtración debe tenerse en cuenta en la fase de planificación del equipo.

Los purés de sorgo también son más espesos y más propensos a quemarse, especialmente a altas temperaturas. Los recipientes de maceración se benefician de sistemas de mezclado robustos que evitan la sedimentación y el sobrecalentamiento localizado. Una agitación adecuada no sólo protege la calidad del sabor, sino que también mejora la eficiencia del extracto.
Los procesos posteriores son más familiares. Las calderas de ebullición y los intercambiadores de calor pueden ser estándar, aunque el mosto de sorgo puede espumar más y ensuciar más rápidamente los intercambiadores de calor, lo que aumenta la importancia de un buen diseño CIP. El equipo de fermentación no suele requerir modificaciones especiales, aparte de la dosificación precisa de nutrientes para mantener un rendimiento saludable de la levadura.
En resumen, la elaboración de cerveza con sorgo exige un diseño meditado de los equipos más que una reinvención radical. La capacidad a altas temperaturas, un control respetuoso con las enzimas, unas estrategias de filtración eficaces y una mezcla potente son las bases del éxito. Con la configuración adecuada, el sorgo pasa de ser un reto técnico a una valiosa herramienta para la innovación cervecera moderna.
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Muchas gracias por su lectura.
Helen


